
Este relato inicia con una invitación generosa, a corazón abierto de nuestro amigo Rodrigo Cabezas a su refugio de descanso.
Sabíamos de antemano que tendríamos todos los ingredientes para pasarla bien. Pero la alquimia del destino dice que todo experimento puede salirse de control.
Un clima excepcional, cámaras, lentes, tarjetas de memoria, gorras y un paisaje excepcional todo mezclado en una olla llena de buen humor causo una explosión de disfrute única.
Los tempraneros llegaron a las 8 a.m. y los fiebres nos fuimos a las 5 p.m. con el deseo de convertirnos en precaristas en ese precioso lugar.
Muchos gigas después de llegar nos sentamos a la mesa gracias a la esplendida invitación de Rodrigo Cabezas, cevichito, carne, pollo, choricitos buenísimo todo.
Foto de grupo que atestigua el evento y luego cafecito con queque. Entonces empezó la cátedra de como reírse de todo a lo loco, presente y pasado, esto gracias a la sobredosis de azúcar provocada por los marsmelos que nos dió Mayela, cuando regresó de su romántica búsqueda de fotos, con Luis, que no pedaleó, pero si disfrutó.
Ver a Barsallo ilusionado al conseguir un precario pincho para asar su marsmelo hasta que se dio cuenta que el fuego ya no existía.
Ana Joyce, Laura, Anita, Lourdes, Paulina y Paty pusieron las bases del futuro coro del Fotoclub, interpretando éxitos de del cine y la televisión de los años 60's.
“Baduel” fue otro personaje que estuvo presente en todas sus variaciones. Y aunque pasajes como los de Jonathan, que pretendía fotografiar un lindo honguito hasta que Tavo se le paró encima, sucedieron lo único que hicieron fue aumentar el disfrute de todos.
Gracias a todos, porque si a la fotografía le sumamos la risa el disfrute es total
D. Monge